Por su constitución, los suelos son sistemas complejos de enorme transcendencia ya que soportan la vida suministrando nutrientes y energía para el crecimiento vegetal y el desarrollo animal. Es un sistema dinámico, constituido por tres fases. La fase sólida está formada por componentes inorgánicos y orgánicos que dejan espacios entre ellos en forma de poros, cámaras, galerías, grietas y otros. Se dividen en material no-húmico (proteínas, polisacáridos, ácidos nucléicos y pequeñas moléculas de azúcar y aminoácidos); y Sustancias Húmicas (SHs). Estas últimas están consideradas como polielectrolitos biogénicos que poseen una estructura macromolecular con un gran número de grupos OH y COOH, y con un amplio rango de pesos moleculares. Estas sustancias desempeñan un rol crucial en la deposición y transporte de una gran variedad de compuestos que van desde iones metálicos hasta compuestos lipofílicos.
Las sustancias SHs pueden separarse en Ácidos Fúlvicos (AFs).
¿QUÉ ES LO IMPORTANTE DEL SUELO?
Un buen suelo es esencial para una buena cosecha. El suelo debe tener todos los nutrientes necesarios para el crecimiento de las plantas, y una estructura que las mantenga firmes y derechas. La estructura del suelo debe asegurar suficiente aire y agua para las raíces de la planta, pero debe evitar el exceso de agua mediante un buen drenaje. El humus se pierde rápidamente si al suelo se lo deja expuesto.
SISTEMA DE SUELO VIVIENTE
La mayor parte de los nutrientes se reciclan por las raíces de la planta y vuelven al suelo a través de las hojas que caen de la misma. Gusanos, insectos y pequeños organismos como los hongos, alimentan también al suelo con materia orgánica y lo cambian para producir humus, el cual hace que la capa inferior del suelo sea oscura y tenga una buena estructura. El humus se pierde rápidamente si al suelo se lo deja expuesto al aire por mucho tiempo sin ninguna cobertura. El subsuelo, es generalmente menos fértil.

Son cada día más las voces expertas que sostienen que se hace urgente que el suelo sea considerado como un ente vivo con el fin de prolongar la sanidad y sustentabilidad de los huertos.
En algunos casos, los huertos tienen una vida más corta, producida por la compactación de los suelos, y en muchos casos se debe arrancar los cultivos para tratar los suelos interviniéndolos con maquinaria para producir un nuevo ablandamiento y volver a colocar cultivos, en un ciclo que cada vez es más corto y menos sustentable.
En general la agricultura en este aspecto ha avanzado mucho, pero falta información y aplicación de nuevas tecnologías o conocimientos para mantener suelos aptos para producir de manera óptima y nada garantiza que al cabo de unos años el problema de la compactación vuelva a presentarse.
La investigación científica habla de “suelos vivos”, que significa atender no sólo los aspectos físicos o químicos del suelo, sino que también atender fuertemente los aspectos biológicos, cualidad principal que le da el carácter de vida al suelo.
Los suelos vivos no se compactan, debido a que bajo la superficie existe una serie de organismos vivos que, al cumplir su labor natural, dejan el terreno aireado y con buena capacidad de drenaje y estructura.
Cómo se determina un suelo vivo?
El Observatorio para la Innovación Agraria, Agroalimentaria y Forestal OPIA, informa que se realizó en las dependencias del Centro Regional de Innovación Hortofrutícola de Valparaíso, Ceres, el lanzamiento del “Manual de Determinación de la Condición Biológica de Suelo In Situ e In Visu en los Sistemas Agrícolas”, escrito por Carlo Sabaini y Gonzalo Ávila, director e investigador del programa.
El objetivo del manual es contribuir a que los productores agrícolas y otros actores perciban al suelo como un organismo vivo, fijando en el centro de la naturaleza de los suelos, la vida. Esto fundamentado en contenidos actitudinales, procedimentales y conceptuales que guían las observaciones y valoraciones cualitativas de los suelos.
Tras un período de cinco años de trabajo, el equipo de investigadores pudo determinar científicamente los ámbitos que debían estudiarse para determinar qué tan vivo estaba el suelo. Las investigaciones llegaron a conclusiones que asociaron que la Detritosfera y Rizósfera, que es el suelo inmediato a las raíces vivas, son las fuentes de materia orgánica y minerales; mientras que la Drilósfera, o suelo perforado por el accionar de las lombrices, actúa como la generadora de redes de bioporos que dejan las lombrices a su paso, al mismo tiempo que activa los microorganismos, en especial hongos; en tanto, la Agregatósfera y la Porósfera son la expresión física de la vida en los suelos.
El conocimiento de estas cinco esferas de influencia significó una innovación, ya que con esta metodología se bajó la evaluación mediante métodos de valoración visual de suelo, para que así pudiera ser fácilmente utilizada por los productores de cualquier parte del país. Para que un suelo sea considerado vivo o vital, debe cumplir niveles óptimos de desarrollo de estos cinco aspectos. En todo caso, si la condición de un suelo es pobre, o no cuenta con las cualidades óptimas, se puede revertir.
Los investigadores postulan que la clave es reconectarse con la matriz natural de los suelos, compuesta por estas cinco esferas, y tener una mirada sistémica e integral del sistema agrícola, porque todo lo que tiene que ver con la idea de recuperar la biología del suelo tiene que estar muy conectado con la planta y el contexto biogeográfico.
En esta perspectiva, se aconseja en muchos casos mantener con otra vegetación el huerto, de tal manera de provocar el desarrollo de materia orgánica y atraer con esto a los múltiples seres vivos que actúan como antagonistas de algunas plagas que pudieran desencadenarse. Hay algunos viñedos orgánicos que mantienen corredores vegetales vivos entre hileras para reemplazar el uso de pesticidas por enemigos naturales.
Lógicamente cada suelo tiene su particularidad, por lo que lo adecuado es analizar el estado biológico de ese suelo de manera particular y luego plantearse acciones específicas, las que con el tiempo se transformarán en una práctica recurrente y habitual.
“Este es un proceso que toma tiempo, pero esperamos terminar con las dependencias de fósforo y nitrógeno, y ojala llegar a plantar un frutal después de otro cultivo sin tener que preparar mecánicamente el suelo”, plantea Carlo Sabiani, director del programa.
Esta iniciativa fue posible gracias al financiamiento de Corfo, mediante el proyecto «Desarrollo de un paquete tecnológico de Restauración Biológica de suelos (RBS) para una fruticultura competitiva y sustentable», llevado a cabo en diferentes sistemas agrícolas de la zona central de Chile, y se contó con el apoyo del Programa Regional de la Comisión Nacional Científica y Tecnológica, Conicyt.
Fuente: Martín Carrillo O. – Blueberries Consulting
¿Qué son los agregados del suelo?
- Minimizar las perturbaciones del suelo, como la labranza mínima. Esto reduce la destrucción agregada porque no se rompen física o mecánicamente;
- La adición de materia orgánica mejora la resistencia y estabilidad del agregado;
- Mantener el suelo cubierto es esencial para mantener el suelo intacto. La cubierta vegetal en el suelo reduce el impacto de las fuerzas erosivas;
- Promover un sistema de cultivo diverso. Los sistemas que promueven plantas o praderas perennes tienen sistemas de enraizamiento expansivos y no requieren labranza. Promover este tipo de diversidad dentro de un sistema asegurará que la función del suelo no se vea reducida;
- Gestión del pastoreo. Los pastos tienen sistemas de raíces fuertes, pero si los animales pastan demasiado tiempo, esto puede ser perjudicial para el sistema de forraje. Hay muchas formas de pastar animales y preservar o mejorar la estabilidad del suelo; y,
- Manejo del control de plagas. La elección de las plantas y cómo se manejan (por ejemplo, anual vs. perenne, cultivos de cobertura, rotación) son altamente influyentes.
En resumen, los agregados del suelo son los bloques de construcción que forman el suelo y su estabilidad es extremadamente importante a largo plazo. Los suelos que están bien agregados exhiben una mayor salud del suelo, aseguran una mayor productividad agronómica, son menos susceptibles a la erosión del suelo y pueden desempeñar un papel en el secuestro de carbono.
