Viabilidad del proyecto

Viabilidad del proyecto

Gestor de residuos:

En el mundo rural se producen una gran cantidad de biorresiduos de diferente procedencia. Las nuevas normativas ambientales obligan al reciclaje y valorización de este tipo de residuos antes de su incineración. Un ejemplo lo encontramos en los biorresiduos procedentes de podas forestales. La normativa vigente prohibe quemar este tipo de residuos por lo que muchos municipios se ven obligados a su acumulación en naves o al aire libre.

Otro ejemplo lo encontramos en algunos municipios costeros que se están enfrentando a un problema de acumulación de biorresiduo procedente de diferentes tipos de algas invasoras. Su acumulación causa un daño ambiental al emanar Gases de Efecto Invernadero -GEI- y malos olores. Ante la falta de alternativas de valorización, actualmente las empresas que se encargan de mantener limpias las costas llevan a las incineradoras municipales estos biorresiduos causando daño ambiental por su quema y constituyendo un auténtico desperdicio de rica materia orgánica. La planta de biorreciclaje puede ser receptora de este tipo de residuo cobrando por su recepción y tratamiento.

Estas nuevas normativas pondrán presión sobre las explotaciones ganaderas, especialmente aquellas de pequeño y mediano tamaño que no pueden hacer frente a los costes que suponen la inversión en maquinaria para tratar sus residuos. En este punto es donde la planta actúa como gestor de residuos comunal.

Para llevar a cabo este trabajo la planta dispondrá de maquinaria móvil para desplazarse hasta la explotación y tratar in situ los residuos mediante separación sólido-líquida, así mismo como recoger los residuos para transportarlos hasta la planta.

Entregando la gestión de los residuos a nuestra planta, estos pasan a ser responsabilidad de la misma bajo el amparo de la ley de fertilizantes y suelos contaminados liberando a las explotaciones de la presión normativa, por ejemplo la que se contempla en la nueva PAC, la llamada «nueva ley del estiércol».

Además la explotación puede recibir una contrapartida económica proveniente de la venta del subproducto valorizado. Para ello se llegarán a acuerdos individualizados. Esto hará que el tratamiento sostenible de los residuos que producen las pequeñas y medianas explotaciones no conlleve a un sobrecoste, y no sólo eso, sino que se pueda obtener un rédito económico.

 

 

Comercialización de los subproductos valorizados

No cabe duda de que el sector agrícola está cambiando y que lo hará todavía más por toda la nueva normativa que entrará en vigor y que incidirá sobre aspectos sostenibles. Dentro de los pactos alcanzados en el Acuerdo de París y que tienen que cumplirse como muy tarde en el 2030, los que más nos afectan son: el 30% de toda la superficie agrícola europea tiene que destinarse a agricultura ecológica, y el 50% de toda la fertilización inorgánica tiene que desaparecer (estrategia De la granja a la mesa).

Para que estos objetivos puedan cumplirse se necesitarán mayores cantidades de fertilizantes orgánicos. Por lo tanto,los subproductos valorizados en forma de biofertilizantes obtenidos como resultado del proceso de ecorreciclado llevado a cabo en la planta de biorresiduos, tendrán una mayor demanda y podrán venderse con más facilidad y a mayor precio dentro del nuevo mercado europeo que se está creando y regulando actualmente por parte de la Comisión Europea para precisamente favorecer su comercialización y a la vez reducir la dependencia de su importación.

Concretamente, nuestro país es el mayor productor europeo de alimentos ecológicos y se prevé un gran crecimiento de esta producción debido al incremento de su demanda a nivel global. 

Suministro de precompost, compost y materia orgánica al sector privado: otras empresas fabricantes de fertilizantes están interesadas en posicionar en este mercado y quieren desarrollar sus propios biofertilizantes. Para ello necesitarán la materia orgánica como base.

Impulso compra pública verde: uso de fertilizantes orgánicos para parques y jardines. El humus por ejemplo tiene una gran capacidad de retención hídrica, lo que puede suponer un gran ahorro en agua para los municipios en lo referente a mantenimientos de sus parques.

Cerrando el círculo: nuevo mercado de fertilizantes

 

La estrategia de la Materia Orgánica (MO)

Nuestro país acaba de declarar el avance de la desertificación como mayor problema ambiental. La técnica que se ha mostrado más eficaz para combatirla es la llamada «estrategia de la materia orgánica» que consiste en aportar al suelo materia orgánica estabilizada rica en microorganismos que sean capaces de cambiar el perfil isohúmico del suelo para convertirlo en un sumidero de carbono capaz de secuestrar carbono.

Aquí se abre otra gran linea de comercialización ya que para crear estos sumideros en la lucha contra el cambio climático se necesitarán enormes cantidades de materia orgánica estabilizada como la que se producirá en nuestra planta. Empresas de reconstrucción de ecosistemas y el propio Estado serán nuestros clientes en esta linea de comercialización.

Como vemos la puesta en marcha de la planta responde a una serie de necesidades que se están creando en el ámbito de la sostenibilidad, unas necesidades que también se dan en otros países. En este sentido la materia orgánica se esta ya convirtiendo en un producto muy cotizado. Algunos países serán autosuficientes para abastecer esa demanda de enmiendas orgánicas a nivel global, en cambio otros tendrán deficit y tendrán que importar este producto. Por lo que se contempla la posibilidad de comercialización internacional.

 

Biotecnología

La biotecnología esta experimentando un gran avance y ofrece soluciones a problemas ambientales. Este es el caso por ejemplo de los biosurfactantes, un campo muy prometedor con mucho futuro. Estos son consorcios microbianos con capacidad de degradar contaminantes como por ejemplo hidrocarburos. Por lo tanto pueden ser utilizados para biorremediar (limpiar) suelos contaminados por la actividad industrial. También son utilizados por las plantas de tratamiento de residuos sólidos urbanos -RSU- para precisamente degradar compuestos contaminantes.

Se necesitan grandes cantidades de poblaciones de estos microorganismos para tratar grandes superficies, y en este punto se abre otra linea comercial para la planta ya que se puede hacer crecer estas poblaciones dentro de las pilas de compostaje donde se desarrollan con rapidez. Es decir se pueden reproducir a gran escala para posteriormente ser vendidas a estas plantas de RSU.

 

Servicio comunitario

Cabe mencionar que en lo referente a actuar como gestor de residuos y sin tener en cuenta la comercialización de los subproductos valorizados, la planta podría recibir ingresos por la prestación de servicios a la comunidad y contribución en la lucha contra el cambio climático. El Gobierno y las Comunidades Autónomas tienen destinado presupuesto para subvencionar sin contraprestación económica actividades de reciclaje y valorización. Esto se puede encontrar en los Planes de Gestión Integral de Residuos Autonómicos como por ejemplo en el GIRA (Gestión Integral de Residuos de Aragón) que dice lo siguiente:

«En municipios saturados, el sector público fomentará y promocionará de forma directa, la implantación de tratamientos de depuración de estiércoles de tipo biológico, compostaje o cualquier otro que elimine los excedentes de nitrógeno»…

 

Cerrando el círculo: el futuro mercado de biofertilizantes

Cerrando el círculo: el futuro mercado de biofertilizantes

Recuperar el ciclo de nutrientes

Los fertilizantes tradicionales se extraen de las minas o se producen químicamente y están asociados con preocupaciones ambientales, de salud y geoestratégicos, ya que las minas de fósforo se encuentran principalmente en tres países fuera de la UE (China, Marruecos y EEUU). Además, “la UE depende en gran medida para su producción de recursos externos no renovables, como el gas natural cuyos precios se encuentran en constante aumento lo que repercute en el precio final de los alimentos.

Según las estimaciones, si se reciclaran más biorresiduos, se podría llegar a sustituir hasta el 30 % de los fertilizantes no orgánicos. Actualmente, la UE importa alrededor de 6 millones de toneladas de fosfatos al año, pero podría reemplazar hasta el 30 % de este total mediante la extracción de lodos de depuradora, residuos biodegradables, harina de carne y huesos o estiércol.

El problema es que la ganadería europea  se caracteriza por ser ineficiente en la recuperación de los flujos de nutrientes para la agricultura. Se estima que alrededor de 13,6 Mt de N y 1,8 Mt de P entran anualmente en el sistema agrícola de la UE en forma de fertilizantes minerales y piensos. Sin embargo, el uso de N a lo largo de toda la cadena agroalimentaria europea es ineficiente: por cada cinco toneladas de N que ingresan a la cadena agroalimentaria de la UE, solo una tonelada se convierte en productos terminados para el consumo humano. El caso es similar para el P y el K. Estas bajas eficiencias en el uso de nutrientes, junto con las malas prácticas de manejo del suelo, conducen a una pérdida de carbono orgánico en los suelos.

La generación de estos flujos son un indicador de donde se localiza la actividad ganadera, por lo que para su recuperación se hace imprescindible conectar de nuevo ganadería y agricultura. Esto creará una cadena de valor circular convirtiendo un problema en una oportunidad económica al crear un mercado interno real para las materias primas secundarias de base biológica en la UE”. Esta es precisamente la base de nuestro proyecto circular Humus-Spain.

 

Mercado Único de fertilizantes orgánicos

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Hasta ahora solo los fertilizantes convencionales no orgánicos, normalmente extraídos de minas o producidos químicamente, podían comercializarse libremente en la UE. Sin embargo los productos fertilizantes innovadores producidos a partir de materiales orgánicos quedaban fuera del ámbito de aplicación del Reglamento sobre fertilizantes. Por lo tanto, su acceso al mercado único dependía del reconocimiento mutuo entre los Estados miembros, lo que dificultaba su comercialización debido a las divergencias en las normas nacionales. Como resultado estos productos tenían una desventaja competitiva que dificultaba la innovación y la inversión.

En el marco del Plan de Acción de Economía Circular de 2015, la Comisión solicitó la revisión de esta normativa sobre fertilizantes para facilitar el reconocimiento en toda la UE de los fertilizantes orgánicos y basados ​​en residuos. El uso sostenible de fertilizantes hechos de material de desecho orgánico en la agricultura podría reducir la necesidad de fertilizantes a base de minerales, cuya producción tiene impactos ambientales negativos y depende de las importaciones de roca fosfórica, un recurso limitado que se prevé se agote en los próximos 30 años.

Los negociadores del Parlamento Europeo, el Consejo y la Comisión llegaron a un acuerdo político sobre la propuesta que se publicó en mayo de 2019. Así las nuevas normas facilitarán el acceso de fertilizantes orgánicos y derivados de residuos al mercado único de la UE. También introduce límites para el cadmio y otros contaminantes en los fertilizantes fosfatados. Esto ayudará a reducir los residuos, el consumo de energía y el daño medioambiental, así como a limitar los riesgos para la salud humana. El Reglamento será directamente aplicable en todos los Estados miembros y será obligatorio en 2022.

Esta nueva legislación facilitará alcanzar los objetivos planteados en la estrategia «De la granja a la mesa»  de una sustitución del 50 % de los fertilizantes de base mineral por otros de base biológica, y que al menos un 25% de toda la superficie agrícola europea sea ecológica.

El acuerdo sobre el Reglamento de Productos Fertilizantes abrirá el mercado de fertilizantes orgánicos nuevos e innovadores al definir las condiciones bajo las cuales estos pueden acceder al Mercado Único de la UE. El Reglamento establecerá normas comunes sobre seguridad, calidad y requisitos de etiquetado para todos los fertilizantes que se comercializarán libremente en la UE. Los productores deberán demostrar que sus productos cumplen con esos requisitos antes de colocar la marca en el mercado.

Factores sociales como una mayor demanda de productos ecológicos o una mayor conciencia sobre la necesidad de sostenibilidad en la agricultura moderna y factores normativos impulsados desde la UE a través del «Gran pacto verde» (Green Deal) , y a nivel global a través de la implantación de los Objetivos de Desarrollo Sostenibles (ODS), están impulsando el crecimiento del mercado de biofertilizantes.

 

 

 

«A diferencia de los fertilizantes tradicionales que consumen mucha energía y dependen de recursos naturales escasos, los fertilizantes de residuos biológicos tienen el potencial de hacer que la agricultura sea más sostenible. Estas nuevas reglas también ayudará a crear un nuevo mercado para materias primas reutilizadas en línea con nuestros esfuerzos para construir una economía circular en Europa».

Jyrki Katainen, vicepresidente de Empleo, Crecimiento, Inversión y Competitividad.

 

«Las nuevas normas de la UE abrirán nuevas oportunidades de mercado para las empresas innovadoras que producen fertilizantes orgánicos y crearán nuevos puestos de trabajo locales, ofrecerán más opciones a nuestros agricultores y protegerán nuestros suelos y alimentos. Al mismo tiempo, también nos estamos asegurando de que nuestra industria europea sea capaz de adaptarse a los cambios propuestos».

Elżbieta Bieńkowska, comisaria de Mercado Interior, Industria, Emprendimiento y PYME.

Conoce más sobre como se está legislando el nuevo mercado intracomunitario aquí.

 

 

¿Existe algún proceso industrial que sea capaz de reciclar «grandes volúmenes» de estiércol?

¿Existe algún proceso industrial que sea capaz de reciclar «grandes volúmenes» de estiércol?

 

¿Existe algún proceso industrial que sea capaz de reciclar «grandes volúmenes» de estiércol?. La mayoría de soluciones industriales actuales se basan en la biometanización, un  proceso industrial que  acelera el proceso microbiológico de descomposición de la materia orgánica convirtiendo el estiércol en biodigestato y generando gas metano en el proceso.

Si bien el biodigestato puede ser comercializado como compost, nunca llega a tener la calidad y las cualidades que pueden obtenerse con un proceso de compostaje. El punto fuerte es que la producción masiva de este tipo de compost es que puede llegar a proveer de una buena y abundante base para la fabricación de fertilizantes, rompiendo así la dependencia que actualmente se tiene de los fosfatos y de las importaciones que está llevando a un encarecimiento exponencial de la fertilización que se traducirá en un aumento en el precio de los alimentos.

El otro punto fuerte de estas plantas industriales es su alta capacidad para reciclar grandes volúmenes de Residuos Sólidos Urbanos (RSU), y para la elaboración de biogas. Este es un combustible producido por la digestión anaerobia, un 

A la pregunta de porque no existen más plantas industriales de este tipo actualmente, es que hasta ahora estas instalaciones se han mostrado «ineficientes». Son plantas con unos elevados costes de inversión y de operación que requieren de un suministro constante para mantener un ritmo regular de la operativa. Por lo tanto, se necesita garantizar un suministro constante de materiales a digerir. En cambio los procesos de compostaje se pueden adaptar a este sumisnistro sin que causen pérdidas operacionales.

Otro problema es que se exige un control exhaustivo de los productos a tratar por la presencia de materias inhibidoras, y por la necesidad de completar el sistema con post-tratamientos para reducir la cantidad de nitrógeno de las deyecciones. Esto hace que en la mayoría de los casos, menos de la mitad de todo el material que reciben estas instalaciones pueda ser tratado, por lo que finalmente termina en la incineradora.

Cataluña fue la comunidad que en su momento más apostó por este tipo de instalaciones impulsadas por el Institut Català d’Energia de la Generalitat de Catalunya con una gran inversión. Se llegaron ha abrir hasta 9 plantas. Hoy la mayoría de ellas se encuentran paradas debido a problemas en su funcionamiento y mantenimiento. Suponen un alto coste energético, de mantenimiento y ambiental.  Por contra la planta de compostaje apenas necesita recursos energéticos y su mantenimiento en costes es proporcionalmente mucho más económico.

En la estrategia española de descarbonización, los biocombustibles son la gran apuesta junto con las renovables. Esto supone una gran fuente de financiación para que equipos de investigación y empresas trabajen conjuntamente en la mejora de estos procesos industriales. Este es el caso del sector porcino que busca soluciones de manera urgente para ser más sostenible. Para ello se han creado varios acuerdos del sector con universidades y centros de investigación en la búsqueda de soluciones industriales en el tratamiento de los purines.

Este es el caso de la Cátedra en Gestión Medioambiental Sostenible de la Producción Porcina que mantienen Cefusa, la empresa ganadera de Grupo Fuertes, y la Universidad Politécnica de Cartagena (UPCT), que trabajan conjuntamente en la gestión medioambiental de los purines y en la mitigación de emisiones. Según fuentes de la propia cátedra “se ha logrado reducir un 40% la superficie agraria necesaria para poder valorizar completamente todo el volumen de purines generado en la explotación piloto, valorizados tanto como recurso agrícola como recurso hídrico”. El objetivo final de la cátedra es que las instalaciones dispongan de los sistemas de tratamiento de purines en origen, es decir, en el propio cebadero.

Otro ejemplo es el proyecto europeo Fertimanure financiado por la UE cuyo principal objetivo es la reducción de emisiones de GEI mediante la progresiva sustitución de fertilizantes minerales por enmiendas orgánicas obtenidas del reciclaje de los purines.

Creo que ante la situación actual de emergencia climática y un aumento en el precio de la importaciones, es muy necesario que estos proyectos salgan adelante para la instalación de estos procesos industriales de la forma más sostenible posible. Su puesta en marcha puede generar la producción de biocombustibles que sustituyan a los combustibles fósiles a nivel local.

Estas instalaciones no entrarán en competencia con el reciclaje que lleva a cabo una planta de compostaje, un proceso basado en biotecnologia más controlable, económico y ecológico, cuyo objetivo a gran escala debe de ser la producción de enmiendas orgánicas de calidad para sustituir a los fertilizantes químicos, así como otros bioproductos relacionados con el tratamiento y crecimiento de poblaciones microbianas.

 

 

Cerrar el círculo: una prioridad internacional

Cerrar el círculo: una prioridad internacional

El sector ganadero tiene un alto potencial de circularidad en sus actividades. Entre ellas está la de dar valor a residuos y subproductos agroindustriales no destinados al consumo humano. Su participación en el reto de economía circular impulsada por la Unión Europea puede suponer una fortaleza para este sector que se está viendo sometido a una nueva presión normativa que se traslada a un aumento en los costes de producción, y a una presión social para rebajar el impacto ambiental de su actividad. Además, al desarrollarse las actividades de este sector mayoritariamente en zonas rurales, la reutilización y reciclado de los residuos o subproductos generados (estiércol, lana, suero de leche, etc.) ofrece nuevas oportunidades de negocio para estas zonas rurales, contribuyendo a la sostenibilidad ambiental y fijación de población.

Reducir, reutilizar y reciclar son los cimientos de la economía circular (EC), este modelo económico que está siendo liderado por la Unión Europea (UE) y cuyo objetivo final es el de alcanzar la neutralidad climática antes de 2050. Este cambio de paradigma está afectando a todos los sectores productivos lo que a su vez está llevando a un cambio de mentalidad de la sociedad para poner fin a la corriente de «usar y tirar» en el que estamos inmersos, adquiriendo unos hábitos más responsables con el medio ambiente tanto en lo referente a el consumo como en los modos de producción.

El agotamiento de las materias primas causado por un consumo de recursos mayor de lo que la naturaleza puede gestionar y la manifiesta contaminación del agua, de la tierra y del aire pasan a ser valorados socialmente por su importancia real como bienes finitos e indispensables para la vida. Para establecer unos claros objetivos por sectores, para que estos sean públicos y para incentivar la participación social, la UE creó los ODS (Objetivos de Desarrollo Sostenibles).

Estos ODS hacen de la EC una prioridad internacional en la lucha contra el cambio climático y marcan el futuro de la economía a través de la senda del desarrollo sostenible, entendiendo este como el que cubre las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de futuras generaciones de cubrir las suyas en todos los niveles considerados (económico, ambiental y social).

Cerrar el círculo supone un rediseño de todos los procesos de producción para optimizar la utilización de estos recursos renovables, para ello se necesita una fuente de inspiración y una importante dosis de investigación, tecnología e innovación, no falta de inversión, donde el residuo o subproducto generado adquiere un papel protagonista (reutilizado o reciclado) como materia prima, dejando el valor añadido de su transformación en la zona de producción.

En el sector ganadero este rediseño de los procesos de producción supone la utilización de recursos biológicos renovables (bioeconomía) procedentes de la tierra y el mar (plantas, algas, microorganismos, subproductos orgánicos y animales) para obtener productos con valor añadido (alimentos, energía, materiales o servicios), minimizando las fugas y recirculándolos en la producción.

 

En esto consiste nuestro proyecto circular Humus-Spain, un proyecto completamente alineado con el Pacto Verde Europeo que persigue alcanzar esta EC, y concretamente dentro del sector agropecuario con la Estrategia ‘De la Granja a la Mesa’ que tiene entre sus objetivos la reducción del impacto medioambiental de la producción agrícola y ganadera, con metas concretas para el 2030 como la de reducir las pérdidas de nutrientes del suelo en un 50 % como mínimo, el uso de fertilizantes minerales en un 20 %, el uso de antibióticos en animales y de pesticidas en agricultura en un 50 %, así como de lograr que un 25 % de las tierras agrícolas estén destinadas a la agricultura ecológica.Todo ello garantizando los medios de vida a todos los operadores de la cadena de suministro de alimentos.

Para guiar a las explotaciones ganaderas hacía una producción circular y reducir el impacto ambiental de su actividad, el Ministerio ha publicado la guía de las mejores técnicas disponibles (MTD´s). Se trata de una guía muy completa elaborada en coordinación internacional dentro del marco de la Directiva 2010/75/UE del Parlamento Europeo y del Consejo, que cuenta con la participación de investigadores del Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC). En el documento además de describirnos las mejores técnicas disponibles, se explican los principales contaminantes y los requisitos medioambientales que deben cumplir las explotaciones. Entre estas técnicas disponibles se incluyen la recogida y almacenamiento de estiércol, su reciclado, y su aplicación al campo. Por lo tanto nuestro proyecto circular encaja con la aplicación de estas MTD´s.

 

 

 

Plan de eficiencia de recursos

Abordar la circularidad en la ganadería requiere de un primer paso donde hay que identificar las principales entradas y salidas de recursos que se producen en el sistema productivo. En este sentido, en las entradas nos encontramos con los alimentos del ganado, los combustibles y el agua, mientras que en las salidas, además de los productos con valor en el mercado actual como la leche, la carne y los derivados lácteos (queso, cuajada, etc.), se generan subproductos como el estiércol y la lana –con un valor variable dependiendo de la localización y las características de la granja.

Esta gestión sostenible de los subproductos o residuos, además de resolver el problema de su eliminación, pueden representar una parte importante de los ingresos de la granja, así como una diversificación de la producción, un ahorro y una menor dependencia de insumos externos.

La gestión de los recursos utilizados y de los subproductos y residuos generados precisa de un plan de eficiencia (residuos cero) que, en muchos casos, debido al pequeño tamaño de las granjas, para ser rentable requiere de instalaciones colectivas donde realizar la transformación. Es en este punto donde nuestro proyecto circular adquiere su significado y presenta su potencial al proponer una planta de reciclaje de biomasa colectiva.

 

 

Revalorización del estiércol

La revalorización de subproductos es la base de ese plan de eficiencia y de entre todos los subproductos a tratar destaca el estiércol por el volumen generado (65-70 % del alimento consumido) y por las posibilidades de revalorización que presenta. El estiércol es la mezcla de las heces de los animales con orines, cama, restos de alimentos del ganado y agua (procedente de la lluvia, limpieza o bebederos). Su composición varía según la especie que lo genere, la alimentación, la composición de la cama, el contenido en agua y las condiciones y duración de su almacenamiento.

En la actualidad hay principalmente tres estrategias de valorización de deyecciones ganaderas: obtención de productos con valor agronómico, valorización energética y valorización en forma de productos de alto valor añadido. Nuestro proyecto se centra en la primera estrategia, si bien su puesta en marcha también permitiría el desarrollo de las otras dos.

Tradicionalmente, el estiércol era depositado directamente en el campo por los animales en pastoreo o utilizado como abono en los cultivos de la explotación ganadera. Con la aparición de los fertilizantes químicos y la proliferación de las ganaderías sin base territorial (intensificación), la cultura tradicional de la gestión del estiércol se ha perdido y ha pasado, en algunas zonas con altas concentraciones de animales, a suponer un problema para los ganaderos, donde un manejo inadecuado puede ocasionar malos olores, sobre-nitrogenización del suelo, contaminación del agua, además de emisiones GEI.

En las localizaciones de las ganaderías donde la producción agrícola es importante, el estiércol puede suponer una producción relevante; aunque el ajuste de la alimentación y el empleo de zoosanitarios condiciona su uso como fertilizante orgánico para la producción agrícola de calidad. En este punto es donde también nuestro proyecto adquiere una gran relevancia ya que el proceso de compostaje (descomposición biológica aerobia de la materia orgánica) que propone para el reciclado y valorización de los residuos está considerado como un proceso de «higienización» capaz de estabilizar la materia orgánica, de limpiarla de contaminantes y por lo tanto de enriquecerla para aumentar su valor agronómico.

El estiércol es un recurso que aporta materia orgánica al suelo de mucha importancia para gran parte de la península además de ser fuente de elementos nutritivos para las plantas (N, P, K y oligoelementos). En este sentido, el volumen estimado de estiércol que se produce en nuestro país es de unas 800.000t  de las cuales el 40% corresponden al ganado vacuno, el 35% al porcino, el 13% al avícola y el 12% al ovino-caprino (fuente MAPA).

Esta cantidad supone un gran potencial con gran valor económico en el mercado, pero además teniendo en cuenta el elevado precio de los fertilizantes sintéticos y dado que como se ha comentado desde la UE se persigue la progresiva limitación de su uso, es un recurso que además puede contribuir a disminuir de forma indirecta las emisiones GEI producidas en la fabricación de fertilizantes químicos (fundamentalmente los nitrogenados).

Esta gestión sostenible de los subproductos o residuos, además de resolver el problema de su eliminación, pueden representar una parte importante de los ingresos de la granja, así como una diversificación de la producción, un ahorro y una menor dependencia de insumos externos. Dar un nuevo valor a los residuos y subproductos de alimentos y cosechas no destinados al consumo humano permite abaratar el coste de alimentación (40-67 % de los costes de la granja), así como sustituir o mejorar la eficiencia de los combustibles fósiles (más contaminantes y no renovables) por otros de origen biológico y renovables como la bioenergía. La utilización de los desechos de materia orgánica animal o vegetal (biomasa) para la obtención de energía (biogás) es una alternativa de futuro para uso térmico y eléctrico en las propias granjas.

 

 

 

Cerrando el círculo: hacia una fertilización agroecológica

El sector agrícola ya está experimentando algunos de los impactos negativos del cambio climático. Según Eurostat, la agricultura representa alrededor del 10 % de las emisiones totales de gases de efecto invernadero en la UE-28 (excluyendo UTCUTS), lo que corresponde a 470,6 millones de toneladas de CO2 equivalente (2012). Las emisiones agrícolas generalmente están vinculadas a la gestión de los suelos agrícolas, la fermentación entérica y el manejo del estiércol.

Antes de la revolución industrial cerca del 97% del nitrógeno que soportaba la vida era fijado biológicamente. En el último siglo, la intensificación de la agricultura junto con un desconocimiento de lo que realmente sucedía en el suelo a nivel de los microorganismos, tuvo como resultado una disminución de la actividad biológica en favor de una aplicación industrial del nitrógeno en suelo agrícola. En 2009, los fertilizantes comerciales fueron responsables del 40% al 60% de la producción mundial de alimento.

La gran mayoría de los fertilizantes que se usan hoy en día en la agricultura son fabricados a base de amoniaco a través del sistema «Harber-Bosch» que fue desarrollado a principios del siglo pasado. Este sistema no usa fuentes de energía renovables y su coste energético es altísimo. La producción de una de las materias primas clave para los fertilizantes tradicionales, el amoníaco (NH3) o el óxido de nitrógeno (NOx), es un proceso que consume mucha energía y es responsable de alrededor del 2% de todas las emisiones globales de CO2.

Globalmente a dia de hoy, se calcula que se vierten al suelo fertilizantes nitrogenados por un valor total de unos 100 billones de dólares. De esa ingente cantidad, sólo entre un 10% a un 40% es absorbido por las plantas. El resto acaba en cursos de agua, volatilizado en la atmósfera, o inmovilizado en el suelo. Esto provoca grandes daños ambientales como la eutrofización de las aguas, la contaminación de la atmósfera aumentando los efectos causados por los gases de efecto invernadero, o sobre-nitrogenando los suelos impidiendo que se fije carbono.

Para la fabricación de los actuales fertilizantes se estima que el 87% de la energía se utiliza para la síntesis de amoniaco; pues bien, para fabricar una tonelada de NH3, se emiten 1,6 toneladas de CO2 a la atmósfera.

Hoy en día se conocen las consecuencias del uso masivo de la fertilización nitrogenada, según los últimos registros, entre un 60-70% de los suelos en Europa están empobrecidos por estas prácticas. Por otro lado, se reconoce más la importancia fundamental de las comunidades microbianas en los procesos de fotosíntesis y de fijación de carbono en el suelo para la productividad de las plantas.

También ya se sabe que los suelos con un alto contenido en nitrógeno son pobres en carbono, elemento esencial que actúa como regulador de macro y micronutrientes. La alta presencia de nitrógeno inhibe la actividad microbiana y por lo tanto no se forma la manta orgánica -humus- de forma natural. El resultado es que los suelos no pueden fijar C02 que escapa a la atmósfera. Se calcula que los suelos destinados a plantaciones pierden carbono a un ritmo de un 0,5% anual.

Consulta aquí porque los suelos están perdiendo carbono

Estas cuestiones nos obligan a plantearnos un giro drástico en el modelo de producción agrícola a otro modelo basado en la comprensión del funcionamiento de los agroecosistemas, en la capacidad biológica de fijar nitrógeno y carbono atmosférico, en una mayor integración entre agricultura y ganadería, en una mayor diversificación de las fincas y sobre todo, en el estudio y el conocimiento del funcionamiento de los ciclos biogeoquímicos en la naturaleza.

 

Fósforo: materia prima fundamental

Fósforo: materia prima fundamental

En las últimas cinco décadas nuestra población mundial se ha duplicado, la extracción de materiales se ha triplicado y el producto interno bruto se ha cuadruplicado. La extracción y el procesamiento de los recursos naturales se han acelerado en las dos últimas décadas y son responsables de más del 90 por ciento de nuestra pérdida de biodiversidad, del estrés hídrico y de aproximadamente la mitad de los impactos relacionados con el cambio climático. Si continuamos con la tendencia actual, el uso de los recursos naturales se duplicará aún más para el 2060 y causará consecuencias irreversibles

-Panel Internacional de Recursos de la ONU-

La enorme necesidad de recursos (energía, alimentos y materias primas) está sometiendo al planeta a una presión extrema y es la responsable de la mitad de las emisiones de gases de efecto invernadero y de más del 90 % de la pérdida de biodiversidad y del estrés hídrico. Si pretendemos lograr la neutralidad climática de aquí a 2050 será fundamental ampliar la economía circular y desvincular el crecimiento económico del uso de los recursos, así como mantener este último dentro de los límites del planeta.

Esta situación global de escasez y dependencia externa en el suministro de ciertas materias hace que el acceso a los recursos sea una cuestión de seguridad estratégica para la ambición de Europa de sacar adelante el Pacto Verde.

Además, la crisis provocada por la COVID-19 ha revelado la rapidez y la profundidad con la que pueden interrumpirse las cadenas de suministro mundiales. Una de las lecciones que nos ha dejado es la necesidad de reducir la dependencia y aumentar la diversidad y la seguridad del suministro.

Por si este desafío no fuera suficiente, ahora nos enfrentamos a una situación bélica en Europa. Ucrania es considerado el granero del continente y el mayor exportador de fertilizantes de Europa, su parada en la producción vuelve a estresar esa cadena de suministro poniendo en peligro la producción alimentaria.

Para resolver este problema de escasez y dependencia exterior, la UE impulsa el uso de la  economía circular para incrementar la utilización de materias primas secundarias. Por ejemplo, más del 50 % de algunos metales, como el hierro, el zinc o el platino, se recicla y con ello se consigue cubrir más del 25 % del consumo de la UE.

El Plan de Acción para la Economía Circular contemplado en el Pacto Verde Europeo propone dos acciones que se encuentran completamente alineadas con nuestro proyecto:

  • Poner en marcha actividades de investigación e innovación en el terreno de las materias primas fundamentales, en relación con el tratamiento de residuos, los materiales avanzados y la sustitución, en el marco del programa Horizonte Europa, el Fondo Europeo de Desarrollo Regional y los programas nacionales de investigación e innovación (I+i) (Comisión, Estados miembros, regiones y comunidad de I+i).
  • Identificar el suministro potencial de materias primas secundarias procedentes de reservas y residuos de la UE e identificar proyectos de recuperación viables.

 

La UE publicó la comunicación “Resiliencia de las materias primas fundamentales: trazando el camino hacia un mayor grado de seguridad y sostenibilidad” (COM (2020) 474); fundamentado en el cuarto estudio sobre materias primas críticas publicado a principios del 2020. Se han valorado un total de 66 materias de las cuáles 30 se han considerado críticas, entre ellas el fosfato.

Todo el fósforo que se consume a nivel mundial para la producción de fertilizantes proviene de minas de fosforita que se localizan en 3 países: Estados Unidos, China y Marruecos. De hecho, los geólogos estiman que en el plazo aproximado de 50 años las reservas de fósforo caerán tanto que el precio comenzará a elevarse de tal manera que hará inviable el uso de este nutriente en la agricultura.

Pero, ¿qué pasaría si nos quedamos sin fósforo en los cultivos?

Pues que sería inviable la producción agrícola. Hay que entender que el fósforo es un elemento esencial para la vida. Este nutriente es el responsable del transporte de energía dentro de la planta. Por tanto, sin fósforo la planta no tiene energía para desarrollarse y generar la cosecha.

¿Existe alguna alternativa para conseguir este nutriente para los cultivos?

El fósforo se presenta en el suelo bajo dos formas: orgánico (de la materia orgánica) e inorgánico (de los minerales de la roca madre). Los fertilizantes sintéticos existen porque  de todo el fósforo disponible en el suelo, el 95% está en forma orgánica que las plantas no lo pueden asimilar.

Para que parte de este fósforo no asimilable pase a estar disponible para las plantas se requiere la presencia de microorganismos en el suelo que sean capaces de disolver el fósforo y hacerlo disponible para las plantas.

En nuestro proyecto dentro de las operaciones que se llevarán a cabo en la planta, los investigadores de los centros tecnológicos trabajarán con las comunidades microbianas especializadas en proveer de fósforo a la planta (solubizadores del fósforo). Estos organismos prosperan en las pilas de compostaje para conseguir unas enmiendas orgánicas ricas este mineral. 

 

 Directiva Marco Europea

Este objetivo de reducir la dependencia de las importaciones de materias primas fundamentales le podemos encontrar también el la Directiva Marco Europea para la gestión de residuos que dice lo siguiente:

«La gestión de residuos en la Unión debe mejorarse y transformarse en una gestión sostenible de las materias con miras a proteger, preservar y mejorar la calidad del medio ambiente, así como a proteger la salud humana, garantizar la utilización prudente, eficiente y racional de los recursos naturales, promover los principios de la economía circular, mejorar el uso de la energía renovable, aumentar la eficiencia energética, reducir la dependencia de la Unión de los recursos importados, y crear nuevas oportunidades económicas y contribuir a la competitividad a largo plazo.»

«A fin de que la economía sea verdaderamente circular, es necesario tomar medidas adicionales sobre producción y consumo sostenibles, centrándose en el ciclo de vida completo de los productos, de un modo que permita preservar los recursos y cerrar el círculo. Un uso más eficiente de los recursos aportaría además unos ahorros netos sustanciales a las empresas de la Unión, las autoridades públicas y los consumidores, a la vez que se reducirían las emisiones totales anuales de gases de efecto invernadero».

 

Conoce la Directiva Marco Europea para la gestión de residuos

Gestor de residuos

Los gestores de residuos se encargan del proceso integral de la manipulación de desechos o de alguna de sus fases. Este procedimiento tiene como objeto dar un destino adecuado a los materiales residuales que se generan en las actividades industriales.

La gestión integral consta de las siguientes fases:

  • Recolección de los residuos en el sitio de generación.
  • Transporte en unidades y contenedores especiales para tal fin.
  • Descarga y almacenamiento en instalaciones certificadas.
  • Reciclaje de aquellos materiales que puedan ser reutilizados en otras actividades.
  • Eliminación de la fracción no recuperable.

Desde hace unos años está regulada la figura de gestores de residuos para dar un carácter de mayor profesionalismo a esta actividad, porque muchas de las actividades vinculadas a la manipulación de los desechos se realizaban al margen de la ley, lo que no garantiza que se le diera el destino más adecuado a estos materiales.

¿El gestor de residuos tiene que estar autorizado?

Si. La empresa que contrate a un gestor de residuos autorizado además cederá la responsabilidad sobre esos residuos al gestor, cosa que no sucede si el gestor no está autorizado. Si el residuo se entrega a un gestor no autorizado el productor sigue manteniendo la responsabilidad sobre esos residuos.

Tipos de gestores de residuos

Existen dos grandes grupos de gestores de residuos:

  • Los que están sujetos al régimen de comunicación previa al inicio de su actividad. Dentro de este grupo, se cuentan aquellos transportistas que tienen un carácter profesional, así como los agentes y los negociantes.
  • Los que están sujetos a la autorización previa al inicio de su actividad, como por ejemplo, todas las personas físicas o jurídicas que desarrollan operaciones de tratamiento de residuos, así como las instalaciones donde se realizan.

Es importante señalar que la legislación vigente contempla que ambos grupos tienen la obligación de comunicar al órgano ambiental competente qué tipo de residuos va a gestionar.

En ambos casos, el gestor de residuos recibirá la debida autorización según el material o los materiales que vaya a manipular, ya que solo podrá operar con los residuos que haya comunicado previamente.

Trazabilidad

La trazabilidad de los residuos son los procedimientos que permiten saber de dónde viene, qué recorrido ha hecho y los puntos por los que ha pasado a lo largo del proceso de gestión.

Esta es una de las funciones principales del gestor de residuos, documentar cada uno de los pasos que da un residuo desde su recogida en origen hasta el destino final.

Sistemas de gestión

Los Sistemas Integrados de Gestión (SIG) son entidades sin ánimo de lucro que permiten a los productores cumplir con sus obligaciones ante el principio de “quien contamina paga”, organizando los sistemas de recogida de residuos específicos, y financiando a las entidades locales cuando son ellas las que recogen estos residuos.

La irrupción en el panorama legislativo de los Sistemas Integrados de Gestión de Residuos ha tenido una importante incidencia sobre la tradicional gestión de los municipios y demás entidades locales en España en materia de residuos urbanos, convirtiéndolos con el paso del tiempo en el sistema-modelo para la gestión y garantía de recuperación o reciclado de los residuos.

Este es el modelo más elegido por las empresas y entidades para la gestión de residuos, como es el caso de SIGFITO dedicados a la recogida de plástico agrario.

 

Modelo alternativo:

La Ley de residuos prevé también que se pueda organizar un sistema similar, pero del ámbito territorial que corresponda, con carácter de “sistema propio de gestión”. Se lleva a cabo mediante la celebración de acuerdos voluntarios aprobados o autorizados por las Administraciones Públicas competentes, o mediante convenios de colaboración con éstas, como es el caso de CICLOAGRO en Andalucía, con los plásticos agrícolas.

¿Dónde termina la responsabilidad del gestor de residuos?

La responsabilidad de los productores u otros poseedores iniciales de residuos domésticos y comerciales, concluye, cuando los hayan entregado en los términos previstos en las ordenanzas locales y en el resto de la normativa aplicable.