Cerrando el círculo: el futuro mercado de biofertilizantes

Cerrando el círculo: el futuro mercado de biofertilizantes

Recuperar el ciclo de nutrientes

Los fertilizantes tradicionales se extraen de las minas o se producen químicamente y están asociados con preocupaciones ambientales, de salud y geoestratégicos, ya que las minas de fósforo se encuentran principalmente en tres países fuera de la UE (China, Marruecos y EEUU). Además, “la UE depende en gran medida para su producción de recursos externos no renovables, como el gas natural cuyos precios se encuentran en constante aumento lo que repercute en el precio final de los alimentos.

Según las estimaciones, si se reciclaran más biorresiduos, se podría llegar a sustituir hasta el 30 % de los fertilizantes no orgánicos. Actualmente, la UE importa alrededor de 6 millones de toneladas de fosfatos al año, pero podría reemplazar hasta el 30 % de este total mediante la extracción de lodos de depuradora, residuos biodegradables, harina de carne y huesos o estiércol.

El problema es que la ganadería europea  se caracteriza por ser ineficiente en la recuperación de los flujos de nutrientes para la agricultura. Se estima que alrededor de 13,6 Mt de N y 1,8 Mt de P entran anualmente en el sistema agrícola de la UE en forma de fertilizantes minerales y piensos. Sin embargo, el uso de N a lo largo de toda la cadena agroalimentaria europea es ineficiente: por cada cinco toneladas de N que ingresan a la cadena agroalimentaria de la UE, solo una tonelada se convierte en productos terminados para el consumo humano. El caso es similar para el P y el K. Estas bajas eficiencias en el uso de nutrientes, junto con las malas prácticas de manejo del suelo, conducen a una pérdida de carbono orgánico en los suelos.

La generación de estos flujos son un indicador de donde se localiza la actividad ganadera, por lo que para su recuperación se hace imprescindible conectar de nuevo ganadería y agricultura. Esto creará una cadena de valor circular convirtiendo un problema en una oportunidad económica al crear un mercado interno real para las materias primas secundarias de base biológica en la UE”. Esta es precisamente la base de nuestro proyecto circular Humus-Spain.

 

Mercado Único de fertilizantes orgánicos

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Hasta ahora solo los fertilizantes convencionales no orgánicos, normalmente extraídos de minas o producidos químicamente, podían comercializarse libremente en la UE. Sin embargo los productos fertilizantes innovadores producidos a partir de materiales orgánicos quedaban fuera del ámbito de aplicación del Reglamento sobre fertilizantes. Por lo tanto, su acceso al mercado único dependía del reconocimiento mutuo entre los Estados miembros, lo que dificultaba su comercialización debido a las divergencias en las normas nacionales. Como resultado estos productos tenían una desventaja competitiva que dificultaba la innovación y la inversión.

En el marco del Plan de Acción de Economía Circular de 2015, la Comisión solicitó la revisión de esta normativa sobre fertilizantes para facilitar el reconocimiento en toda la UE de los fertilizantes orgánicos y basados ​​en residuos. El uso sostenible de fertilizantes hechos de material de desecho orgánico en la agricultura podría reducir la necesidad de fertilizantes a base de minerales, cuya producción tiene impactos ambientales negativos y depende de las importaciones de roca fosfórica, un recurso limitado que se prevé se agote en los próximos 30 años.

Los negociadores del Parlamento Europeo, el Consejo y la Comisión llegaron a un acuerdo político sobre la propuesta que se publicó en mayo de 2019. Así las nuevas normas facilitarán el acceso de fertilizantes orgánicos y derivados de residuos al mercado único de la UE. También introduce límites para el cadmio y otros contaminantes en los fertilizantes fosfatados. Esto ayudará a reducir los residuos, el consumo de energía y el daño medioambiental, así como a limitar los riesgos para la salud humana. El Reglamento será directamente aplicable en todos los Estados miembros y será obligatorio en 2022.

Esta nueva legislación facilitará alcanzar los objetivos planteados en la estrategia «De la granja a la mesa»  de una sustitución del 50 % de los fertilizantes de base mineral por otros de base biológica, y que al menos un 25% de toda la superficie agrícola europea sea ecológica.

El acuerdo sobre el Reglamento de Productos Fertilizantes abrirá el mercado de fertilizantes orgánicos nuevos e innovadores al definir las condiciones bajo las cuales estos pueden acceder al Mercado Único de la UE. El Reglamento establecerá normas comunes sobre seguridad, calidad y requisitos de etiquetado para todos los fertilizantes que se comercializarán libremente en la UE. Los productores deberán demostrar que sus productos cumplen con esos requisitos antes de colocar la marca en el mercado.

Factores sociales como una mayor demanda de productos ecológicos o una mayor conciencia sobre la necesidad de sostenibilidad en la agricultura moderna y factores normativos impulsados desde la UE a través del «Gran pacto verde» (Green Deal) , y a nivel global a través de la implantación de los Objetivos de Desarrollo Sostenibles (ODS), están impulsando el crecimiento del mercado de biofertilizantes.

 

 

 

«A diferencia de los fertilizantes tradicionales que consumen mucha energía y dependen de recursos naturales escasos, los fertilizantes de residuos biológicos tienen el potencial de hacer que la agricultura sea más sostenible. Estas nuevas reglas también ayudará a crear un nuevo mercado para materias primas reutilizadas en línea con nuestros esfuerzos para construir una economía circular en Europa».

Jyrki Katainen, vicepresidente de Empleo, Crecimiento, Inversión y Competitividad.

 

«Las nuevas normas de la UE abrirán nuevas oportunidades de mercado para las empresas innovadoras que producen fertilizantes orgánicos y crearán nuevos puestos de trabajo locales, ofrecerán más opciones a nuestros agricultores y protegerán nuestros suelos y alimentos. Al mismo tiempo, también nos estamos asegurando de que nuestra industria europea sea capaz de adaptarse a los cambios propuestos».

Elżbieta Bieńkowska, comisaria de Mercado Interior, Industria, Emprendimiento y PYME.

Conoce más sobre como se está legislando el nuevo mercado intracomunitario aquí.

 

 

¿Existe algún proceso industrial que sea capaz de reciclar «grandes volúmenes» de estiércol?

¿Existe algún proceso industrial que sea capaz de reciclar «grandes volúmenes» de estiércol?

 

¿Existe algún proceso industrial que sea capaz de reciclar «grandes volúmenes» de estiércol?. La mayoría de soluciones industriales actuales se basan en la biometanización, un  proceso industrial que  acelera el proceso microbiológico de descomposición de la materia orgánica convirtiendo el estiércol en biodigestato y generando gas metano en el proceso.

Si bien el biodigestato puede ser comercializado como compost, nunca llega a tener la calidad y las cualidades que pueden obtenerse con un proceso de compostaje. El punto fuerte es que la producción masiva de este tipo de compost es que puede llegar a proveer de una buena y abundante base para la fabricación de fertilizantes, rompiendo así la dependencia que actualmente se tiene de los fosfatos y de las importaciones que está llevando a un encarecimiento exponencial de la fertilización que se traducirá en un aumento en el precio de los alimentos.

El otro punto fuerte de estas plantas industriales es su alta capacidad para reciclar grandes volúmenes de Residuos Sólidos Urbanos (RSU), y para la elaboración de biogas. Este es un combustible producido por la digestión anaerobia, un 

A la pregunta de porque no existen más plantas industriales de este tipo actualmente, es que hasta ahora estas instalaciones se han mostrado «ineficientes». Son plantas con unos elevados costes de inversión y de operación que requieren de un suministro constante para mantener un ritmo regular de la operativa. Por lo tanto, se necesita garantizar un suministro constante de materiales a digerir. En cambio los procesos de compostaje se pueden adaptar a este sumisnistro sin que causen pérdidas operacionales.

Otro problema es que se exige un control exhaustivo de los productos a tratar por la presencia de materias inhibidoras, y por la necesidad de completar el sistema con post-tratamientos para reducir la cantidad de nitrógeno de las deyecciones. Esto hace que en la mayoría de los casos, menos de la mitad de todo el material que reciben estas instalaciones pueda ser tratado, por lo que finalmente termina en la incineradora.

Cataluña fue la comunidad que en su momento más apostó por este tipo de instalaciones impulsadas por el Institut Català d’Energia de la Generalitat de Catalunya con una gran inversión. Se llegaron ha abrir hasta 9 plantas. Hoy la mayoría de ellas se encuentran paradas debido a problemas en su funcionamiento y mantenimiento. Suponen un alto coste energético, de mantenimiento y ambiental.  Por contra la planta de compostaje apenas necesita recursos energéticos y su mantenimiento en costes es proporcionalmente mucho más económico.

En la estrategia española de descarbonización, los biocombustibles son la gran apuesta junto con las renovables. Esto supone una gran fuente de financiación para que equipos de investigación y empresas trabajen conjuntamente en la mejora de estos procesos industriales. Este es el caso del sector porcino que busca soluciones de manera urgente para ser más sostenible. Para ello se han creado varios acuerdos del sector con universidades y centros de investigación en la búsqueda de soluciones industriales en el tratamiento de los purines.

Este es el caso de la Cátedra en Gestión Medioambiental Sostenible de la Producción Porcina que mantienen Cefusa, la empresa ganadera de Grupo Fuertes, y la Universidad Politécnica de Cartagena (UPCT), que trabajan conjuntamente en la gestión medioambiental de los purines y en la mitigación de emisiones. Según fuentes de la propia cátedra “se ha logrado reducir un 40% la superficie agraria necesaria para poder valorizar completamente todo el volumen de purines generado en la explotación piloto, valorizados tanto como recurso agrícola como recurso hídrico”. El objetivo final de la cátedra es que las instalaciones dispongan de los sistemas de tratamiento de purines en origen, es decir, en el propio cebadero.

Otro ejemplo es el proyecto europeo Fertimanure financiado por la UE cuyo principal objetivo es la reducción de emisiones de GEI mediante la progresiva sustitución de fertilizantes minerales por enmiendas orgánicas obtenidas del reciclaje de los purines.

Creo que ante la situación actual de emergencia climática y un aumento en el precio de la importaciones, es muy necesario que estos proyectos salgan adelante para la instalación de estos procesos industriales de la forma más sostenible posible. Su puesta en marcha puede generar la producción de biocombustibles que sustituyan a los combustibles fósiles a nivel local.

Estas instalaciones no entrarán en competencia con el reciclaje que lleva a cabo una planta de compostaje, un proceso basado en biotecnologia más controlable, económico y ecológico, cuyo objetivo a gran escala debe de ser la producción de enmiendas orgánicas de calidad para sustituir a los fertilizantes químicos, así como otros bioproductos relacionados con el tratamiento y crecimiento de poblaciones microbianas.

 

 

Cerrar el círculo: una prioridad internacional

Cerrar el círculo: una prioridad internacional

El sector ganadero tiene un alto potencial de circularidad en sus actividades. Entre ellas está la de dar valor a residuos y subproductos agroindustriales no destinados al consumo humano. Su participación en el reto de economía circular impulsada por la Unión Europea puede suponer una fortaleza para este sector que se está viendo sometido a una nueva presión normativa que se traslada a un aumento en los costes de producción, y a una presión social para rebajar el impacto ambiental de su actividad. Además, al desarrollarse las actividades de este sector mayoritariamente en zonas rurales, la reutilización y reciclado de los residuos o subproductos generados (estiércol, lana, suero de leche, etc.) ofrece nuevas oportunidades de negocio para estas zonas rurales, contribuyendo a la sostenibilidad ambiental y fijación de población.

Reducir, reutilizar y reciclar son los cimientos de la economía circular (EC), este modelo económico que está siendo liderado por la Unión Europea (UE) y cuyo objetivo final es el de alcanzar la neutralidad climática antes de 2050. Este cambio de paradigma está afectando a todos los sectores productivos lo que a su vez está llevando a un cambio de mentalidad de la sociedad para poner fin a la corriente de «usar y tirar» en el que estamos inmersos, adquiriendo unos hábitos más responsables con el medio ambiente tanto en lo referente a el consumo como en los modos de producción.

El agotamiento de las materias primas causado por un consumo de recursos mayor de lo que la naturaleza puede gestionar y la manifiesta contaminación del agua, de la tierra y del aire pasan a ser valorados socialmente por su importancia real como bienes finitos e indispensables para la vida. Para establecer unos claros objetivos por sectores, para que estos sean públicos y para incentivar la participación social, la UE creó los ODS (Objetivos de Desarrollo Sostenibles).

Estos ODS hacen de la EC una prioridad internacional en la lucha contra el cambio climático y marcan el futuro de la economía a través de la senda del desarrollo sostenible, entendiendo este como el que cubre las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de futuras generaciones de cubrir las suyas en todos los niveles considerados (económico, ambiental y social).

Cerrar el círculo supone un rediseño de todos los procesos de producción para optimizar la utilización de estos recursos renovables, para ello se necesita una fuente de inspiración y una importante dosis de investigación, tecnología e innovación, no falta de inversión, donde el residuo o subproducto generado adquiere un papel protagonista (reutilizado o reciclado) como materia prima, dejando el valor añadido de su transformación en la zona de producción.

En el sector ganadero este rediseño de los procesos de producción supone la utilización de recursos biológicos renovables (bioeconomía) procedentes de la tierra y el mar (plantas, algas, microorganismos, subproductos orgánicos y animales) para obtener productos con valor añadido (alimentos, energía, materiales o servicios), minimizando las fugas y recirculándolos en la producción.

 

En esto consiste nuestro proyecto circular Humus-Spain, un proyecto completamente alineado con el Pacto Verde Europeo que persigue alcanzar esta EC, y concretamente dentro del sector agropecuario con la Estrategia ‘De la Granja a la Mesa’ que tiene entre sus objetivos la reducción del impacto medioambiental de la producción agrícola y ganadera, con metas concretas para el 2030 como la de reducir las pérdidas de nutrientes del suelo en un 50 % como mínimo, el uso de fertilizantes minerales en un 20 %, el uso de antibióticos en animales y de pesticidas en agricultura en un 50 %, así como de lograr que un 25 % de las tierras agrícolas estén destinadas a la agricultura ecológica.Todo ello garantizando los medios de vida a todos los operadores de la cadena de suministro de alimentos.

Para guiar a las explotaciones ganaderas hacía una producción circular y reducir el impacto ambiental de su actividad, el Ministerio ha publicado la guía de las mejores técnicas disponibles (MTD´s). Se trata de una guía muy completa elaborada en coordinación internacional dentro del marco de la Directiva 2010/75/UE del Parlamento Europeo y del Consejo, que cuenta con la participación de investigadores del Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC). En el documento además de describirnos las mejores técnicas disponibles, se explican los principales contaminantes y los requisitos medioambientales que deben cumplir las explotaciones. Entre estas técnicas disponibles se incluyen la recogida y almacenamiento de estiércol, su reciclado, y su aplicación al campo. Por lo tanto nuestro proyecto circular encaja con la aplicación de estas MTD´s.

 

 

 

Plan de eficiencia de recursos

Abordar la circularidad en la ganadería requiere de un primer paso donde hay que identificar las principales entradas y salidas de recursos que se producen en el sistema productivo. En este sentido, en las entradas nos encontramos con los alimentos del ganado, los combustibles y el agua, mientras que en las salidas, además de los productos con valor en el mercado actual como la leche, la carne y los derivados lácteos (queso, cuajada, etc.), se generan subproductos como el estiércol y la lana –con un valor variable dependiendo de la localización y las características de la granja.

Esta gestión sostenible de los subproductos o residuos, además de resolver el problema de su eliminación, pueden representar una parte importante de los ingresos de la granja, así como una diversificación de la producción, un ahorro y una menor dependencia de insumos externos.

La gestión de los recursos utilizados y de los subproductos y residuos generados precisa de un plan de eficiencia (residuos cero) que, en muchos casos, debido al pequeño tamaño de las granjas, para ser rentable requiere de instalaciones colectivas donde realizar la transformación. Es en este punto donde nuestro proyecto circular adquiere su significado y presenta su potencial al proponer una planta de reciclaje de biomasa colectiva.

 

 

Revalorización del estiércol

La revalorización de subproductos es la base de ese plan de eficiencia y de entre todos los subproductos a tratar destaca el estiércol por el volumen generado (65-70 % del alimento consumido) y por las posibilidades de revalorización que presenta. El estiércol es la mezcla de las heces de los animales con orines, cama, restos de alimentos del ganado y agua (procedente de la lluvia, limpieza o bebederos). Su composición varía según la especie que lo genere, la alimentación, la composición de la cama, el contenido en agua y las condiciones y duración de su almacenamiento.

En la actualidad hay principalmente tres estrategias de valorización de deyecciones ganaderas: obtención de productos con valor agronómico, valorización energética y valorización en forma de productos de alto valor añadido. Nuestro proyecto se centra en la primera estrategia, si bien su puesta en marcha también permitiría el desarrollo de las otras dos.

Tradicionalmente, el estiércol era depositado directamente en el campo por los animales en pastoreo o utilizado como abono en los cultivos de la explotación ganadera. Con la aparición de los fertilizantes químicos y la proliferación de las ganaderías sin base territorial (intensificación), la cultura tradicional de la gestión del estiércol se ha perdido y ha pasado, en algunas zonas con altas concentraciones de animales, a suponer un problema para los ganaderos, donde un manejo inadecuado puede ocasionar malos olores, sobre-nitrogenización del suelo, contaminación del agua, además de emisiones GEI.

En las localizaciones de las ganaderías donde la producción agrícola es importante, el estiércol puede suponer una producción relevante; aunque el ajuste de la alimentación y el empleo de zoosanitarios condiciona su uso como fertilizante orgánico para la producción agrícola de calidad. En este punto es donde también nuestro proyecto adquiere una gran relevancia ya que el proceso de compostaje (descomposición biológica aerobia de la materia orgánica) que propone para el reciclado y valorización de los residuos está considerado como un proceso de «higienización» capaz de estabilizar la materia orgánica, de limpiarla de contaminantes y por lo tanto de enriquecerla para aumentar su valor agronómico.

El estiércol es un recurso que aporta materia orgánica al suelo de mucha importancia para gran parte de la península además de ser fuente de elementos nutritivos para las plantas (N, P, K y oligoelementos). En este sentido, el volumen estimado de estiércol que se produce en nuestro país es de unas 800.000t  de las cuales el 40% corresponden al ganado vacuno, el 35% al porcino, el 13% al avícola y el 12% al ovino-caprino (fuente MAPA).

Esta cantidad supone un gran potencial con gran valor económico en el mercado, pero además teniendo en cuenta el elevado precio de los fertilizantes sintéticos y dado que como se ha comentado desde la UE se persigue la progresiva limitación de su uso, es un recurso que además puede contribuir a disminuir de forma indirecta las emisiones GEI producidas en la fabricación de fertilizantes químicos (fundamentalmente los nitrogenados).

Esta gestión sostenible de los subproductos o residuos, además de resolver el problema de su eliminación, pueden representar una parte importante de los ingresos de la granja, así como una diversificación de la producción, un ahorro y una menor dependencia de insumos externos. Dar un nuevo valor a los residuos y subproductos de alimentos y cosechas no destinados al consumo humano permite abaratar el coste de alimentación (40-67 % de los costes de la granja), así como sustituir o mejorar la eficiencia de los combustibles fósiles (más contaminantes y no renovables) por otros de origen biológico y renovables como la bioenergía. La utilización de los desechos de materia orgánica animal o vegetal (biomasa) para la obtención de energía (biogás) es una alternativa de futuro para uso térmico y eléctrico en las propias granjas.

 

 

 

Cerrando el círculo: hacia una fertilización agroecológica

El sector agrícola ya está experimentando algunos de los impactos negativos del cambio climático. Según Eurostat, la agricultura representa alrededor del 10 % de las emisiones totales de gases de efecto invernadero en la UE-28 (excluyendo UTCUTS), lo que corresponde a 470,6 millones de toneladas de CO2 equivalente (2012). Las emisiones agrícolas generalmente están vinculadas a la gestión de los suelos agrícolas, la fermentación entérica y el manejo del estiércol.

Antes de la revolución industrial cerca del 97% del nitrógeno que soportaba la vida era fijado biológicamente. En el último siglo, la intensificación de la agricultura junto con un desconocimiento de lo que realmente sucedía en el suelo a nivel de los microorganismos, tuvo como resultado una disminución de la actividad biológica en favor de una aplicación industrial del nitrógeno en suelo agrícola. En 2009, los fertilizantes comerciales fueron responsables del 40% al 60% de la producción mundial de alimento.

La gran mayoría de los fertilizantes que se usan hoy en día en la agricultura son fabricados a base de amoniaco a través del sistema «Harber-Bosch» que fue desarrollado a principios del siglo pasado. Este sistema no usa fuentes de energía renovables y su coste energético es altísimo. La producción de una de las materias primas clave para los fertilizantes tradicionales, el amoníaco (NH3) o el óxido de nitrógeno (NOx), es un proceso que consume mucha energía y es responsable de alrededor del 2% de todas las emisiones globales de CO2.

Globalmente a dia de hoy, se calcula que se vierten al suelo fertilizantes nitrogenados por un valor total de unos 100 billones de dólares. De esa ingente cantidad, sólo entre un 10% a un 40% es absorbido por las plantas. El resto acaba en cursos de agua, volatilizado en la atmósfera, o inmovilizado en el suelo. Esto provoca grandes daños ambientales como la eutrofización de las aguas, la contaminación de la atmósfera aumentando los efectos causados por los gases de efecto invernadero, o sobre-nitrogenando los suelos impidiendo que se fije carbono.

Para la fabricación de los actuales fertilizantes se estima que el 87% de la energía se utiliza para la síntesis de amoniaco; pues bien, para fabricar una tonelada de NH3, se emiten 1,6 toneladas de CO2 a la atmósfera.

Hoy en día se conocen las consecuencias del uso masivo de la fertilización nitrogenada, según los últimos registros, entre un 60-70% de los suelos en Europa están empobrecidos por estas prácticas. Por otro lado, se reconoce más la importancia fundamental de las comunidades microbianas en los procesos de fotosíntesis y de fijación de carbono en el suelo para la productividad de las plantas.

También ya se sabe que los suelos con un alto contenido en nitrógeno son pobres en carbono, elemento esencial que actúa como regulador de macro y micronutrientes. La alta presencia de nitrógeno inhibe la actividad microbiana y por lo tanto no se forma la manta orgánica -humus- de forma natural. El resultado es que los suelos no pueden fijar C02 que escapa a la atmósfera. Se calcula que los suelos destinados a plantaciones pierden carbono a un ritmo de un 0,5% anual.

Consulta aquí porque los suelos están perdiendo carbono

Estas cuestiones nos obligan a plantearnos un giro drástico en el modelo de producción agrícola a otro modelo basado en la comprensión del funcionamiento de los agroecosistemas, en la capacidad biológica de fijar nitrógeno y carbono atmosférico, en una mayor integración entre agricultura y ganadería, en una mayor diversificación de las fincas y sobre todo, en el estudio y el conocimiento del funcionamiento de los ciclos biogeoquímicos en la naturaleza.

 

Fósforo: materia prima fundamental

Fósforo: materia prima fundamental

En las últimas cinco décadas nuestra población mundial se ha duplicado, la extracción de materiales se ha triplicado y el producto interno bruto se ha cuadruplicado. La extracción y el procesamiento de los recursos naturales se han acelerado en las dos últimas décadas y son responsables de más del 90 por ciento de nuestra pérdida de biodiversidad, del estrés hídrico y de aproximadamente la mitad de los impactos relacionados con el cambio climático. Si continuamos con la tendencia actual, el uso de los recursos naturales se duplicará aún más para el 2060 y causará consecuencias irreversibles

-Panel Internacional de Recursos de la ONU-

La enorme necesidad de recursos (energía, alimentos y materias primas) está sometiendo al planeta a una presión extrema y es la responsable de la mitad de las emisiones de gases de efecto invernadero y de más del 90 % de la pérdida de biodiversidad y del estrés hídrico. Si pretendemos lograr la neutralidad climática de aquí a 2050 será fundamental ampliar la economía circular y desvincular el crecimiento económico del uso de los recursos, así como mantener este último dentro de los límites del planeta.

Esta situación global de escasez y dependencia externa en el suministro de ciertas materias hace que el acceso a los recursos sea una cuestión de seguridad estratégica para la ambición de Europa de sacar adelante el Pacto Verde.

Además, la crisis provocada por la COVID-19 ha revelado la rapidez y la profundidad con la que pueden interrumpirse las cadenas de suministro mundiales. Una de las lecciones que nos ha dejado es la necesidad de reducir la dependencia y aumentar la diversidad y la seguridad del suministro.

Por si este desafío no fuera suficiente, ahora nos enfrentamos a una situación bélica en Europa. Ucrania es considerado el granero del continente y el mayor exportador de fertilizantes de Europa, su parada en la producción vuelve a estresar esa cadena de suministro poniendo en peligro la producción alimentaria.

Para resolver este problema de escasez y dependencia exterior, la UE impulsa el uso de la  economía circular para incrementar la utilización de materias primas secundarias. Por ejemplo, más del 50 % de algunos metales, como el hierro, el zinc o el platino, se recicla y con ello se consigue cubrir más del 25 % del consumo de la UE.

El Plan de Acción para la Economía Circular contemplado en el Pacto Verde Europeo propone dos acciones que se encuentran completamente alineadas con nuestro proyecto:

  • Poner en marcha actividades de investigación e innovación en el terreno de las materias primas fundamentales, en relación con el tratamiento de residuos, los materiales avanzados y la sustitución, en el marco del programa Horizonte Europa, el Fondo Europeo de Desarrollo Regional y los programas nacionales de investigación e innovación (I+i) (Comisión, Estados miembros, regiones y comunidad de I+i).
  • Identificar el suministro potencial de materias primas secundarias procedentes de reservas y residuos de la UE e identificar proyectos de recuperación viables.

 

La UE publicó la comunicación “Resiliencia de las materias primas fundamentales: trazando el camino hacia un mayor grado de seguridad y sostenibilidad” (COM (2020) 474); fundamentado en el cuarto estudio sobre materias primas críticas publicado a principios del 2020. Se han valorado un total de 66 materias de las cuáles 30 se han considerado críticas, entre ellas el fosfato.

Todo el fósforo que se consume a nivel mundial para la producción de fertilizantes proviene de minas de fosforita que se localizan en 3 países: Estados Unidos, China y Marruecos. De hecho, los geólogos estiman que en el plazo aproximado de 50 años las reservas de fósforo caerán tanto que el precio comenzará a elevarse de tal manera que hará inviable el uso de este nutriente en la agricultura.

Pero, ¿qué pasaría si nos quedamos sin fósforo en los cultivos?

Pues que sería inviable la producción agrícola. Hay que entender que el fósforo es un elemento esencial para la vida. Este nutriente es el responsable del transporte de energía dentro de la planta. Por tanto, sin fósforo la planta no tiene energía para desarrollarse y generar la cosecha.

¿Existe alguna alternativa para conseguir este nutriente para los cultivos?

El fósforo se presenta en el suelo bajo dos formas: orgánico (de la materia orgánica) e inorgánico (de los minerales de la roca madre). Los fertilizantes sintéticos existen porque  de todo el fósforo disponible en el suelo, el 95% está en forma orgánica que las plantas no lo pueden asimilar.

Para que parte de este fósforo no asimilable pase a estar disponible para las plantas se requiere la presencia de microorganismos en el suelo que sean capaces de disolver el fósforo y hacerlo disponible para las plantas.

En nuestro proyecto dentro de las operaciones que se llevarán a cabo en la planta, los investigadores de los centros tecnológicos trabajarán con las comunidades microbianas especializadas en proveer de fósforo a la planta (solubizadores del fósforo). Estos organismos prosperan en las pilas de compostaje para conseguir unas enmiendas orgánicas ricas este mineral. 

 

 Directiva Marco Europea

Este objetivo de reducir la dependencia de las importaciones de materias primas fundamentales le podemos encontrar también el la Directiva Marco Europea para la gestión de residuos que dice lo siguiente:

«La gestión de residuos en la Unión debe mejorarse y transformarse en una gestión sostenible de las materias con miras a proteger, preservar y mejorar la calidad del medio ambiente, así como a proteger la salud humana, garantizar la utilización prudente, eficiente y racional de los recursos naturales, promover los principios de la economía circular, mejorar el uso de la energía renovable, aumentar la eficiencia energética, reducir la dependencia de la Unión de los recursos importados, y crear nuevas oportunidades económicas y contribuir a la competitividad a largo plazo.»

«A fin de que la economía sea verdaderamente circular, es necesario tomar medidas adicionales sobre producción y consumo sostenibles, centrándose en el ciclo de vida completo de los productos, de un modo que permita preservar los recursos y cerrar el círculo. Un uso más eficiente de los recursos aportaría además unos ahorros netos sustanciales a las empresas de la Unión, las autoridades públicas y los consumidores, a la vez que se reducirían las emisiones totales anuales de gases de efecto invernadero».

 

Conoce la Directiva Marco Europea para la gestión de residuos

Los planes de gestión de residuos autonómicos.

PLAN AUTONÓMICO DE RESIDUOS
La Directiva 2008/98/CE, de 19 de noviembre, del Parlamento Europeo y del Consejo, constituye el principal instrumento normativo para cambiar el enfoque de la gestión de los residuos en Europa. Indica que todos los Estados Miembros tienen la obligación de elaborar planes de gestión de residuos, que establezcan un orden de prioridad de acuerdo a la jerarquía de residuos, y que incluya el principio rector a escala europea e internacional de “quien contamina, paga”.

Efectivamente, las Comunidades Autónomas están «obligadas» a elaborar estos planes por mandato europeo. Su finalidad debe ser la de minimizar la producción de residuos, su re-utilización y su reciclado, así como la de fomentar la sensibilización ambiental. Dentro de estos planes o programas suele haber uno específico para residuos ganaderos.

La responsabilidad de la correcta gestión de estos residuos y de su financiación, como en el resto de los sectores productivos, es de los productores de los residuos. Las administraciones públicas, incluidas las entidades locales, han de jugar un papel importante para orientar los esfuerzos para asegurar la correcta gestión y, en su caso, para facilitar esta gestión a través de puntos de acopio, almacenamientos u otras medidas. Así, podrían desarrollarse iniciativas de apoyo, o de cesiones de espacio, por parte de las administraciones y cooperativas del sector, para colaborar en la recogida de estos residuos.

Para valorar adecuadamente la problemática en un entorno determinado es necesario cuantificar los residuos agrarios presentes en la zona, localizar a los posibles gestores dispuestos a tratarlos, análisis de costes y tarifas posibles. Es necesario tener en cuentas las importantes diferencias de tamaño de las explotaciones agrarias a la hora de planificar las actuaciones y la normativa en materia de residuos agrarios. Las medidas a adoptar deben concretarse en cada zona en la búsqueda de formulaciones prácticas.

Estos planes apoyan el desarrollo y las oportunidades que impliquen creación de riqueza y generación de empleo desde el medio ambiente, informando y asesorando a los agentes implicados y a la sociedad en general de forma ágil y transparente. Por lo tanto tienen un carácter global e integrador, y aquí es donde encaja el «Proyecto Circular Humus-Spain».

De igual manera estos planes animan a los propios ganaderos así como a las diferentes asociaciones (ADS, cooperativas, etc.), a poner en marcha programas de gestión para estos residuos de forma efectiva. Aquí es donde el acuerdo privado con empresa ganadera o agraria tiene su vía de acuerdo para la puesta en marcha de la actividad que propone el Proyecto Circular Humus- Spain.

Para la aplicación de estos programas, se pone una atención preferente en aquellas zonas que requieran actuaciones específicas. Son las llamadas zonas vulnerables o saturadas. En estos Municipios saturados, se contempla que el sector público fomente y promocione de forma directa, la implantación de tratamientos de depuración de estiércoles de tipo biológico, compostaje o cualquier otro que elimine los excedentes de nitrógeno o permita su concentración en la fracción sólida, de forma que el transporte a otras áreas en las que agrícolamente sea necesario, o su transporte a plantas de compostaje sea factible.

Este RD se encuentra alineado con La LEY 10/1998 de 21 de Abril, de Residuos. Artículo 1. Objeto 1, que es la ley que regula el tratamiento de residuos en España:

Esta Ley tiene por objeto prevenir la producción de residuos, establecer el régimen jurídico de su producción y gestión, y fomentar, por este orden, su reducción, su re-utilización, reciclado y otras formas de valorización, así como regular los suelos contaminados, con la finalidad de «proteger el medio ambiente y la salud de las personas».

Un ejemplo lo podemos encontrar en el plan de residuos de la comunidad de Madrid, donde las explotaciones ganaderas productoras de estiércoles deberán justificar la gestión del estiércol para poder aplicar los valores de producción de nitrógeno por cabeza, en función del tipo de especie de ganado.

Conoce aquí el programa de buenas prácticas agrarias de las comunidad de Madrid.

Otro ejemplo es la comunidad de Aragón, donde dentro el programa Agroclima para sensibilizar sobre el cambio climático en la industria agroalimentaria aragonesa, y conforme a la «Estrategia Aragonesa de Cambio Climático 2030 (EACC 2030)», se a publicado el “Código de Buenas Prácticas Agrarias para un desarrollo bajo en carbono y un sector agrario más resiliente al cambio climático”.

Es en estos programas y en otros en desarrollo, es donde el proyecto «Circular Humus-Spain» tiene su encaje, se puede integrar en ellos para facilitar a las empresas agrarias poder cumplir con estas nuevas políticas.

El nuevo RD 47/2022

España cuenta con una gran cantidad de zonas vulnerables y pone límites al uso del estiércol como abono por encima de la normativa europea. En las zonas calificadas como vulnerables, no se podrá abonar con nitrato orgánico más allá de los 170kg por hectárea según se ha establecido en el nuevo RD 47/2022 de 18 de Enero. Este límite hará que otras muchas zonas sean calificadas como vulnerables.

Tras la aprobación de este nuevo RD, las Comunidades Autónomas que son las encargadas de hacer valer su aplicación, tendrán que ponerse manos a la obra. El texto además pone límite al uso de otras sustancias que pueden causar contaminación de aguas por eutrofización como el fósforo.

La nueva norma modifica y renueva la trasposición a la legislación española de la Directiva europea, relativa a la protección de las aguas contra la contaminación producida por los nitratos procedentes de fuentes agrarias, que fue aprobada hace ya más de 25 años.

El texto señala que durante ese tiempo no se ha conseguido paliar el problema y que la actual alta presencia de nitratos en ríos y acuíferos constituye uno de los principales problemas ambientales de nuestro país. Concretamente se indica que el 22% de las aguas superficiales y el 23% de las subterráneas, están afectas por este tipo de contaminación. Esto puede conllevar a problemas en el medio marino allí donde las aguas terrestres desemboquen, como ha sido el caso de lo sucedido en el Mar Menor.

Es por ello que el Gobierno español se ha autoimpuesto un mayor límite que el establecido en Europa para la contaminación difusa que es de 50 miligramos de nitrógeno por litro de agua, mientras que ahora en España pasa a ser de 25 miligramos para aguas superficiales, y 37,5 miligramos para aguas subterráneas.

Esto afecta también al uso de fertilización inorgánica rica en nitratos, el objetivo marcado en este RD es el de reducir su uso un 20%. Este punto está en consonancia con el objetivo del plan europeo «De la granja a la mesa» de reducir este tipo de fertilización un 50% de aquí al 2030.

Las cooperativas agrícolas están preocupadas con estos nuevos límites. Los cultivos que se desarrollen en suelos pobres y que dependan de la fertilización nitrogenada se verán en riesgo de desaparición ya que disminuirá considerablemente su rendimiento.  Se necesitarán pues unos suelos más ricos en carbono que sean capaces de sustentar el crecimiento de cultivos sin tener que depender tanto de la fertilización inorgánica. En este punto, nuestro proyecto encaja muy bien al poder aportar la materia orgánica necesaria para ello.

Estos nuevos límites también afectarán a las explotaciones ganaderas, sobretodo aquellas que no cuenten con suficiente superficie agrícola en su entorno para verter sus purines líquidos, o que sean declaradas vulnerables. En este punto hay que recordar que el incumplimiento de esta nueva normativa pondrá en riesgo las subvenciones de la PAC en caso de existir.

Por lo tanto, será necesario poner en práctica las buenas prácticas agrícolas que se incluyen en los planes de gestión de residuos, entre las que se encuentran el compostaje, que es la práctica que propone nuestro proyecto.

 

Nutrición sostenible de suelos agrarios

Actualmente se encuentra en desarrollo y discusión un nuevo Real decreto sobre la nutrición sostenible de los suelos agrarios que se espera aprobar en el primer semestre de 2022 y que complementara el RD 47/2022. Esta nueva normativa sustituirá a los actuales “Planes anuales de abonado” incluidos en los actuales planes de gestión de residuos autonómicos y que  establecen los límites en el abonado con estiércoles que tienen que estar ajustados a los consumos reales de los cultivos para que el balance final sea lo más ajustado posible.

Acceso al texto completo del RD 47/2022

 

El proyecto y la estrategia España circular 2030

El proyecto y la estrategia España circular 2030

El modelo circular, es un sistema de producción en el que prima el aprovechamiento de recursos y la reducción de las materias primas. Este sistema se convierte así en una alternativa al actual modelo de extracción, producción, consumo y eliminación del modelo económico lineal que se ha demostrado tiene un enorme impacto ambiental, y una gran dependencia del exterior, lo que hace a nuestra economía más dependiente, vulnerable y menos competitiva.

Se estima que nuestro país necesita más de dos veces y media su superficie para abastecer las necesidades de esta economía lineal. En cambio, el modelo circular actúa más a nivel local y no excede los recursos de su entorno.

La Unión Europea ha incluido el impulso a la economía circular como uno de los ejes de su política económica y ambiental. Siguiendo las directrices de la Comisión Europea, España adoptó en junio de 2020 la Estrategia Española de Economía Circular – España Circular 2030, una estrategia que forma parte del componente 12 del Plan de Recuperación clave para la transición ecológica estableciendo un decálogo con objetivos cuantitativos para alcanzar en 2030.

Para destinar fondos europeos a la consecución de esta estrategia, se aprobó en Consejo de Ministros el PERTE de economía circular. Se prevé que  lleguen a movilizar una cuantía en recursos superior a los 1.200 millones de euros entre inversión pública y privada hasta el año 2026.

El tratamiento que se den a lo residuos será fundamental para la consecución de los objetivos planteados por esta estrategia, por lo que incluye una normativa que revisa la actual Ley de residuos y suelos contaminados vigente desde 2011, y establece medidas para proteger la salud humana y el medio ambiente reduciendo el impacto global del uso de los recursos e impulsando una economía baja en carbono en España (objetivo de emisión por debajo de los 10 millones de toneladas de CO2eq1 para el 2030); que aspira a ser un país neutro en emisiones en 2050 de acuerdo con la estrategia española a largo plazo para la descarbonización.

El texto normativo refuerza la jerarquía de residuos o, lo que es lo mismo, el orden de prioridad en las opciones de gestión de estos: prevención, preparación para la reutilización, reciclado, otro tipo de valorización (incluida la valorización energética) y, como última opción, la eliminación. Esta debería ser la última opción, por ello se decide gravar con una tasa la incineración, la coincineración y el depósito en vertedero de los residuos.

 

Un reto para el sector agroalimentario

El reto para este sector es el desarrollo de modelos de alimentación sostenible que asegure la conservación de la conservación de la biodiversidad. Esto se consigue con una producción de alimentos en origen de mayor calidad a precios razonables, con una reducción del impacto derivado de su producción, tanto en el ámbito de las emisiones, como en el uso del agua, o como en los residuos producidos que no son valorizados.

La base de este sector es la agricultura y la ganadería que se desarrollan en zonas rurales. Las actividades de esta industrias producen una gran y variable cantidad de residuos y subproductos susceptibles de ser reincorporados a la cadena productiva para la elaboración de otros insumos. Este es el caso por ejemplo de la lana, los lixiviados de la industria del queso, los restos vegetales de los cultivos o los estiércoles, que es el caso que nos incumbe para nuestro proyecto.

Esto supone una gran oportunidad de crear economía en zonas rurales mediante la potencial circularidad de estos subproductos. Se necesitan inversiones que faciliten la implantación de nuevos procesos industriales que aprovechen la circularidad potencial de todos estos subproductos, y ese debería de ser la finalidad de los fondos europeos destinados al PERTE de Economía Circular para llevar adelante esta estrategia. Nuestra planta de biorresiduos es un claro ejemplo de como canalizar esa circularidad de los subproductos al llevar a cabo procesos innovadores en el ecorreciclaje de estiércoles y otras biomasas para la obtención de un producto innovador como lo serán los nuevos biofertilizantes.

 

 

Medir la eficacia de la estrategia

La Estrategia de economía circular España 2030 establece una serie de marcadores que deben medir el progreso de las acciones puestas en marcha para su consecución. Nuestro proyecto encaja principalmente con estos:

Autosuficiencia en materias primas: Es un indicador que muestra el grado de dependencia respecto a mercados externos en relación con el suministro de las materias primas, siendo especialmente significativo en el caso de las materias primas críticas, materias que por su uso en la economía, su aplicación en dispositivos tecnológicos, su disposición natural en entornos geopolíticamente inestables y su déficit como recurso natural en el territorio europeo provoca una debilidad estructural de la economía europea.

En este indicador, nuestro proyecto tiene mucho que decir ya que precisamente el cuore de su operativa es la recuperación de nutrientes, entre ellos el fósforo, mineral base para la fabricación de fertilizantes que a sido incluido en la lista de «minerales críticos de la UE» precisamente por su alta dependencia en su importación y por su escasez, hecho este que encarece el precio de los fertilizantes y por lo tanto de los alimentos.

Otro de los marcadores es el de los residuos alimentarios generados: La producción de alimentos no está exenta de provocar afecciones al medio ambiente, ya que es necesario utilizar recursos naturales, muchos de ellos con una disposición limitada en el espacio y en el tiempo y en competencia continua con otros usos y afecciones.Y conjuntamente es necesario alimentar en cantidad adecuada y calidad a una población mundial en continuo crecimiento, lo que conlleva limitar la generación de residuos procedentes de alimentos y reducir el desperdicio alimentario para evitar la sobre explotación de recursos.

Este marcador hace referencia a que la segura creciente demanda de alimentos debido al aumento de la población mundial provoque a su vez un aumento en la generación de residuos. En el caso que nos compete se traduciría en un aumento de los estiércoles lo que agravaría un problema actual ya muy debatido que provoca rechazo en zonas rurales y podría limitar el crecimiento de este sector.

La instauración de un modelo de reciclaje como el que propone nuestro proyecto, evitaría este previsible problema al poder tratar de forma sostenible y constante la generación de este biorresiduo. 

 

Marcador que hace referencia al uso de los materiales reciclados como materias primas: El objeto del reciclado es su introducción en los mercados secundarios, sin su incorporación al proceso productivo carece de sentido toda operación de separación y recuperación de materiales procedentes de residuos. Determinar el grado de participación en el mercado de materias primas, permite perfeccionar un conjunto de instrumentos para incentivar su uso, pudiendo cerrar así el círculo.

Efectivamente el circulo no se cerrará hasta que los subproductos reciclados no se introduzcan en nuevos mercados. En el caso de nuestra proyecto los subproductos obtenidos como resultado del proceso de reciclaje serán incorporados al proceso productivo de los nuevos biofertilizantes que se comercializarán en el futuro mercado intracomunitario.

 

Marcador que hace referencia a la emisión de Gases de Efecto Invernadero: La economía circular presenta sinergias con diferentes políticas ambientales, pero si una de ellas se debe destacar es la política de lucha contra el cambio climático. La economía circular contribuye a la disminución de la emisión de gases de efecto invernadero a la atmósfera, fundamentalmente en forma de metano, a través de la reducción y adecuada gestión y tratamiento de los residuos, en especial mediante el incremento del tratamiento biológico de los biorresiduos, lo que contribuirá a su disminución del depósito de residuos en vertederos.

Esta es la base de nuestro proyecto, el tratamiento biológico de los biorresiduos de forma masiva mediante técnicas de co-compostaje en nuestra planta.

 

 

 

Acceso a la Estrategia Española de Economía Circular.